domingo, 11 de marzo de 2007

El Taller Literario Aumen[1]


I. Historia de este libro
En general, los antologadores utilizan la introducción para justificar la inclusión o exclusión de algunos nombres como la imposibilidad de satisfacer a todo el mundo al elegir un cierto número de poetas de una región, país, período o tendencia. Para publicar el presente volumen, la única gran dificultad con la que nos topamos fue--valga la redundancia--su publicación. Por lo tanto, lo que debe explicarse aquí, no justificarse, son las causas que impidieron su aparición unos catorce años antes.
Apenas surgió la idea de hacer este libro, a comienzos de 1984, empezamos a reunir el material para su revisión y discusión. El Taller Literario Aumen cumpliría 10 años en abril de 1985 y deseábamos celebrarlo en grande. Se tiraron líneas, se bosquejó un plan y se estableció un nutrido programa de actividades dirigidas a la comunidad, a ese fiel público que nos había acompañado por toda una década. Los preparativos duraron varios meses. A medida que se acercaba la fecha dos ideas iban tomando cuerpo: un Encuentro Nacional de Escritores en Castro y una Antología que difundiera parte de la obra del grupo, que en una década de trabajo constante había conseguido extender el mapa poético de Chile hasta la isla de Chiloé.
Desgraciadamente, el aniversario no pudo celebrarse. A fines de 1984, todo el trabajo preparatorio y las esperanzas puestas en la celebración fueron borradas por la gran goma de la dictadura. Todos los poetas de Aumen que ejercían como docentes fueron echados de sus cargos[2]. Esos pequeños dictadores que eran entonces las autoridades municipales no se mostraban muy amistosos con la poesía ni con los poetas.
Un mes después, el 30 de enero de 1985, el Comité de Defensa del Pueblo (CODEPU) realizó una manifestación de apoyo para solidarizar con los profesores exonerados del Liceo de Castro. El acto no pudo llegar a su término. Carabineros y otros servicios de seguridad de la dictadura entraron al local y detuvieron a veintinueve personas, quienes fueron llevadas a la comisaría. Entre los detenidos estaban José Donoso; su esposa, María Pilar, y tres poetas de Aumen[3].
A pesar de esos avisos y amenazas de la dictadura, igual celebramos el aniversario, aunque sin el encuentro nacional de escritores ni la publicación del ansiado libro. Todas las fuerzas debieron ponerse en esa minucia que es la supervivencia en los momentos difíciles, y en conseguirse un trabajo, y un salario, en lo que fuera. Como el lector comprenderá, no era posible pensar en la docencia puesto que ninguna municipalidad aceptaría a un profesor que fue despedido por otra del mismo cuño[4].
En los años siguientes, el manuscrito fue de uno a otro lado en busca de editor. Se buscó apoyo por todos lados, sin olvidar las ONG[5] ni los partidos políticos de oposición a la dictadura. Uno, en particular, se comprometió a publicarla, pero tras el ofrecimiento poco más se supo. La tuvieron guardada algunos años y finalmente sólo conseguimos que nos devolvieran el manuscrito que ya había perdido varias páginas. En 1988 avisaron que nos enviarían algunos ejemplares para difundirla en el Encuentro Nacional de Poetas que se realizaría en Castro,[6] pero todo lo que llegó fue ese mensaje. Nunca volvimos a oír de su interés por publicarla.
Otro tema muy repetido en estas introducciones es la dificultad para publicar un libro de poesía. Ese lugar tan común se hace realidad aguda e insufrible para los poetas de provincia. La falta de contactos en la capital (donde se cocina todo) es el más grande obstáculo.
En 1989 dejé Chiloé y el país para seguir estudios en el extranjero. Las nuevas obligaciones me hicieron olvidar el manuscrito hasta cuando en 1992 se me ocurrió retomar el proyecto. Pensé que mi nuevo status académico sumado al Premio Pablo Neruda obtenido en 1991 facilitarían su publicación. Imaginé entonces, que de no hallar interés en alguna de las editoriales más importantes del país, las autoridades chilotas (de una democracia que habíamos ayudado a recuperar) apoyarían la publicación de este libro. Una antología de poetas isleños entre los que se cuentan varios antologados en Chile y en el extranjero.
Una vez más no ocurrió lo esperado. Pero seguí adelante por la vigencia que mantenía Aumen y por la enorme influencia que había generado en las provincias sureñas. Por otra parte, ya no se trataba de celebrar una década sino de revisar diecisiete años de la creación poética de ese grupo que comenzara en Chiloé en abril de 1975.
Por el tiempo transcurrido desde su primera versión, me parecieron necesarios algunos cambios. En esos siete años el taller había seguido funcionando en el archipiélago y su trabajo se había ramificado en el continente.
Tampoco conseguimos sacarla al público en 1992 ni en los años siguientes, pese a que los poetas de Aumen continuaron publicando individualmente y aumentando su prestigio a nivel regional y nacional. En 1992 la Ilustre Municipalidad de Castro le otorgó a Aumen el recién instituido Premio Municipal de Arte y Cultura y el mismo año, Rosabetty Muñoz obtuvo una mención de honor del Premio Municipal de Santiago por su libro Hijos. En 1994, Nelson A. Torres ganó ese premio y en 1996 Sergio Mansilla obtuvo una mención de honor por u libro De la huella sin pie. Desde 1992 hasta ahora las publicaciones individuales han aumentado notablemente, como puede verse en la bibliografía al final de este volumen. Sin embargo, nada de eso ha ayudado a hacer realidad la publicación de esta antología.
Como en Aumen siempre se trabajó en familia, con un sentido de competitividad sana y de apoyo mutuo, no me extrañó que en 1995, y sin ponerse de acuerdo, algunos de los poetas[7] hayan enviado el proyecto a varios concursos nacionales propiciados por la nueva democracia. Para qué decirlo, el esfuerzo y el optimismo de esa iniciativa plural tampoco tuvo éxito. Ningún jurado consideró esta muestra de veinte años de trabajo de un numeroso grupo de poetas.
El libro que tienes en la mano presenta el doble de autores que el volumen original. La primera parte ha ganado con la inclusión de Rosabetty Muñoz y José Teiguel. La segunda se mantiene igual. Y se agregó una tercera parte que muestra las ramificaciones de Aumen y su presencia en el archipiélago de Chiloé y en el resto de la Décima Región[8], gracias al trabajo de poetas-maestros que han formado otros talleres y esparcido esa semilla que se plantó en una sala del Liceo Coeducacional de Castro en abril de 1975.
Aunque en estos once años varios de los poetas seleccionados aquí han hecho nuevas publicaciones no he querido alterar la selección de poemas. El objetivo principal de las dos primeras secciones es mostrar, aunque parcialmente, la obra escrita por ellos entre 1975 y 1985, es decir en la época formativa de los primeros autores[9]. La tercera parte incluye poemas más recientes de poetas que se iniciaron al menos una década más tarde.

II. AUMEN: Continuidad y permanencia
A fines de 1974 me reuní por primera vez con Renato Cárdenas para hablar sobre nuestras inquietudes literarias. De esa conversación surgió la iniciativa de crear en Castro espacios para hablar sobre cultura, arte y literatura. Ambos habíamos regresado a la isla casi un año antes y más de una vez nos habíamos encontrado en la sala de profesores del Liceo Nocturno, pero nunca habíamos entablado una conversación de verdad[10].
Aguijoneados por la falta de vida cultural en la ciudad y de actividades extra-académicas para nuestros estudiantes, esa misma noche acordamos proponer en el Liceo Coeducacional la organización de talleres o academias que les dieran a los estudiantes la posibilidad de acercarse a formas de cultura y arte no oficialistas, así como desarrollar sus aptitudes y su creatividad.
En ese momento, y también ahora, consideramos labor imprescindible organizar talleres de creación y expresión artística (literatura, teatro, música, pintura)[11] en Castro y en todo el archipiélago de Chiloé. En ese tiempo los talleres eran una necesidad evidente puesto que en la ciudad no existía ninguna agrupación cultural, como tampoco había nigún cine[12] en toda la provincia.
Pasaron las vacaciones de verano y en los primeros días de abril de 1975 tuvimos la primera reunión. Para evitar tensiones y temores en los interesados, dada la situación política de ese tiempo, sólo invitamos a profesores y estudiantes de los liceos locales. A esa reunión asistieron dieciocho personas y resultó todo un éxito puesto que al irnos de allí ya teníamos tres grupos organizados. Un taller literario, un taller de artes plásticas y un taller de teatro.


PRIMEROS AÑOS: Obstáculos y desafíos
A la primera reunión asistieron los profesores Elba Andrade, Carlos A. Trujillo, Juan Vera Subiabre, Armando Barría, Clara Andrade, Renato Cárdenas y Juan Gutiérrez, y los estudiantes de enseñanza media, Ernesto Bórquez, Roger Cárcamo, Patricio Carvajal, Miguel Gallardo, Erwin Jorquera, Sergio Mansilla, Agne Muñoz, José Muñoz, Luis Horacio Rojas, Sergio Rubén Colivoro y Manuel Hirohito Vásquez. El director del liceo[13] nos facilitó una sala para reuniones y desde ese momento hicimos de ese colegio nuestra sede hasta que ocho años más tarde el alcalde de la comuna[14] prohibió que se reunieran allí los poetas porque según él "todos eran comunistas."
Para hacerse una imagen de esos comienzos es necesario saber que en Castro nunca habían existido talleres literarios[15], y que de todos los talleristas sólo Renato Cárdenas[16] había publicado algunos poemas y contaba con cierta experiencia. De manera que este taller debía comenzar dando una formación básica a sus integrantes.
El funcionamiento real del taller comenzó cuando en la segunda sesión, cuatro novatos[17] leyeron algunos de sus poemas los demás asistentes. Nadie imaginaría en ese momento que uno de esos jovencísimos creadores estaba descubriendo ahí mismo la pasión de su vida y su futura carrera académica[18].
Estos cuatro aprendices de poetas presentan una particularidad muy especial del taller en toda su existencia. La mayoría proviene de sectores rurales o de pueblos pequeños. De los cuatro mencionados, Muñoz era de Castro; Colivoro, de Chonchi; Mansilla, de Changüitad (Isla Quinchao) y Vásquez de Quellón.
Una vez leídos y comentados sus poemas, pasamos a la primera sesión de lectura y crítica de autores nacionales. Se comenzó con Obra gruesa de Nicanor Parra para motivar la discusión en ese grupo jovencísimo y sin experiencia en ese tipo de lecturas. No es novedad que los profesores de castellano dan preferencia a la narrativa y al teatro y, a menudo, omiten el estudio de la lírica. La discusión tomó vuelo, aunque las opiniones no fueran muy informadas sino que producto del shock que produjeron los antipoemas. La mayoría comentó que eso no era poesía, puesto que no coincidía con el concepto de belleza ni con las formas del lenguaje poético que estaban acostumbrados a ver.
Esa reunión señaló también el interés del taller por mostrarle a sus miembros el panorama más amplio posible de la poesía chilena y universal, como también dar a conocer todas las expresiones literarias, en particular aquellas más difíciles de encontrar debido a la escasez de libros en las bibliotecas de la isla.
Desde entonces los aprendices de poetas se fueron familiarizando con nombres como Catulo, Propercio, Marcial, Jorge Manrique, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer, Li Po, Walt Whitman, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Guillaume Apollinaire, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Jorge Luis Borges, Vladimir Maiakovski, Serguei Esenin, Ramón Gómez de la Serna, Constantino Kavafis, Vicente Aleixandre, Ernesto Cardenal, Alen Ginsberg, y todos los nuevos poetas que aparecían en las publicaciones mexicanas, venezolanas, argentinas o españolas que lográbamos conseguir.
Cada vez se fue enfatizando más la lectura de poesía chilena posterior a Neruda, ya fuera en poemarios de los autores, ya en antologías. Al poco tiempo se hablaba y discutía con conocimiento de Eduardo Anguita, Gonzalo Rojas, Miguel Arteche, Armando Uribe Arce, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Floridor Pérez, Oscar Hahn, Jaime Quezada, Omar Lara, Gonzalo Millán, pese a lo difícil que era encontrarlos en librerías y en bibliotecas. Era el comienzo de la dictadura y los años más oscuros del "apagón cultural".
Las dictaduras nunca han sido amigas de la poesía y la de Pinochet no fue una excepción. Muchos poetas tuvieron que salir del país, forzadamente. Varios lo lograron tras meses en prisión, en campos de concentración o relegados en pequeños pueblos. La historia no estaba para bromas. Se daban situaciones increíbles como la de Armando Uribe Arce a quien la dictadura le quitó la nacionalidad por obra y gracia de un decreto.
Nada de poesía chilena en las librerías. Neruda, apartado de los programas escolares. El boom hispanoamericano también. Por obra y gracia de fantasmas y aparecidos, poetas y novelistas desaparecieron de los programas escolares. Hacer leer Cien años de soledad o, ¡válgame Dios!, El señor presidente eran riesgos que se pagaban caros.[19] Pese al temor, quienes no queríamos borrar de una plumada toda nuestra literatura, los manteníamos en el programa.
Era difícil encontrar los títulos apropiados para esos novísimos poetas. Así que Renato Cárdenas y yo comprábamos todo lo que encontrábamos en las librerías de viejo y en las liquidaciones de libros cada vez que íbamos a Santiago. Muchos de esos tesoros eran libros dados de baja, títulos prohibidos por la dictadura y que, precisamente, por esa razón los daban casi regalados. Juntamos cantidades de volúmenes que iban a ser fuente de estudio, lectura y descubrimiento para cientos de jóvenes. Adquiríamos tres o cuatro ejemplares por título.
Muy pronto surgió la necesidad de un nombre. Estaban muy presentes los de Trilce, Arúspice y Tebaida; nuestros predecesores inmediatos. Nadie sospechaba cuánto duraría el grupo ni la proyección que alcanzaría, pero era necesario darle un nombre a esa experiencia inédita en Chiloé y en el Chile posterior al golpe. Estoy hablando de abril de 1975.
De las varias propuestas se eligió Aumen[20], que en lengua huilliche quiere decir "el eco de la montaña." Esta palabra todavía se usa en algunos sectores del archipiélago, aunque ha perdido la consonante final (aume) y quiere decir "espíritu de los muertos que sigue rondando por las casas." El nombre Aumen resultó perfecto puesto que el trabajo del taller no fue una voz sino muchas voces multiplicadas en pueblos, ciudades y regiones. Y es un eco que todavía sigue esparciéndose. Más que eco de la montaña llegó a ser el eco poético del archipiélago.
En 1975 se publicaron dos revistas mimeografiadas con poemas y cuentos de unos quince jóvenes, se editaron cinco hojas literarias[21] y se realizó el primer recital de poesía. En esa ocasión, leyeron diez talleristas ante un público formado por algunos de sus profesores, compañeros y parientes. A fines de ese año obtuve el Primer Premio en el Primer Certamen Nacional para Poetas Inéditos, organizado por el Taller de Letras "Ariel" de Santiago, por Las musas desvaídas. El premio fue igualmente importante para mí y para el taller puesto que fue el primer concurso de ese tipo después del golpe de estado. De manera que el premio nos empezó a proyectar más allá de la isla y ayudó a consolidar nuestro trabajo y nuestro nombre en la isla y la región.
En 1976 continuamos con las reuniones los lunes y jueves a las siete de la tarde[22]. Llegaron nuevos integrantes y algunos antiguos se apartaron temporalmente por razones de estudio,[23] manteniéndose siempre en contacto con el taller. Cada año teníamos que comenzar todo de nuevo por el alejamiento temporal de los más avezados. Sin embargo, ese hecho ayudó al desarrollo, a la expansión y a la difusión de la obra del grupo. Hacia fines de la década del setenta coincidieron en Valdivia--como estudiantes de la Universidad Austral de Chile, alero de Trilce anteriormente--varios poetas de Aumen. Estos junto a otros poetas sureños, también estudiantes de la Universidad Austral, fundaron el Grupo Indice.[24] Este nuevo grupo editó una revista, organizó recitales y desarrolló una importante y dinámica actividad[25] durante su breve existencia.
A la par con la publicación de revistas y hojas literarias y con los recitales de poesía, se iba estableciendo que Aumen era fundamentalmente un taller para poetas. Los que llegaban como cuentistas o novelistas en ciernes pronto abandonaban la narrativa y viraban hacia la poesía. Honestamente, asumo toda la responsabilidad y la culpa de esto porque, a pesar de que siempre incentivé la lectura de todo tipo de obras literarias, en las reuniones de lectura y discusión nunca le dediqué a la narrativa el mismo tiempo que a la poesía.[26]
En enero de 1977 se editó el primer libro de Aumen. Una reducida edición en papel roneo hecha en el Liceo Politécnico con la valiosa colaboración de Luis Tirachini[27]. La tapa de papel de envolver se imprimió en una imprenta de Castro Alto. La pobreza material de la edición señala la precariedad de nuestros medios de impresión. Aquel libro se titula Cuatro poetas en Chiloé y recoge poemas de Renato Cárdenas Alvarez, Sergio Mansilla Torres, Pedro Segundo Ortiz Navarrete[28] y Carlos Alberto Trujillo.
Al revisar este primer volumen me asombra la intuición que se tuvo en la selección de esos cuatro autores, antologados por primera vez. A dos décadas de esa edición, alegra comprobar que desde entonces esos cuatro autores no han parado de publicar. Renato Cárdenas, dedicado actualmente a la investigación de la cultura tradicional de Chiloé,[29] publicó un libro de poesía, Poemas para mirar. Sergio Mansilla[30], Noche de agua, El sol y los acorralados danzantes y De la huella sin pie; Pedro Segundo Ortiz Navarrete, Bajo amenaza, Cualquiera de nosotros, Gestos de otra vida y Canto de gallos al amanecer, entre otros. Carlos Alberto Trujillo[31], Las musas desvaídas, Escrito sobre un balancín, Los territorios, Los que no vemos debajo del agua, Mis límites. Antología de poesía 1974-1983 y La hoja de papel.
En marzo del mismo año, por primera vez contamos con un público numeroso en un recital de poesía. Asistieron más de 200 personas a ese recital realizado en el patio cubierto del liceo[32]. Los poetas estaban asombrados por ese inmenso público y el público estaba asombrado de que hubiera tantos poetas en la ciudad. En ese recital participaron Florisa Andrade, Ernesto Bórquez, Roger Cárcamo, Renato Cárdenas, Patricio Carvajal, Miguel Gallardo, Erwin Jorquera, Sergio Mansilla, José Muñoz, Neddiel Muñoz, Carlos A. Trujillo y Héctor Véliz Pérez-Millán. Con la participación de poetas adultos el taller comenzaba a conectarse más con la comunidad[33] y a extender su radio de acción. Por otra parte, junto al recital de poesía se presentó una exposición de pinturas del padre Serafín Mansilla, de la comunidad franciscana.
Desde entonces hasta 1989, Aumen continuó realizando actividades cada vez más numerosas y variadas. Se iba formando un grupo de poetas, al mismo tiempo que se iba creando en Castro y Chiloé un público bueno y abundante para las actividades artísticas y culturales. La comunidad se acostumbró a la presencia de poetas, cuentistas, novelistas, dramaturgos, ensayistas y académicos invitados por el taller[34] y empezó a exigir más y más. En ese momento la labor de agentes culturales que habíamos estado haciendo por puro amor al arte y a nuestra gente se transformó en una verdadera misión. Cuando empezamos no había exigencias de ningún tipo. Luego que nosotros creamos el interés, la exigencia de ese público se volvió hacia nosotros y no había más solución que responsabilizarse de la carga que nos habíamos echado sobre los hombros.
El Castro de esos años se fue volvió un medio artístico y cultural activísimo, basado principalmente en las presentaciones organizadas por Aumen. Un recuento total de lo que se hizo entonces daría para páginas y páginas.[35] Valga recordar que en esos años nuestra vida giraba en torno a ese acontecer pese a que nunca contamos con apoyo económico y que solamente cuando había que pagar pasajes u otros gastos a los invitados foráneos se cobraba una mínima entrada. Por lo general, los invitados se quedaban en la casa de Renato Cárdenas o en la mía y muchas veces ellos mismos debieron costearse los pasajes.[36] Por esos mismos años, a fuerza de necesidad Aumen se había ido volviendo también sello editorial[37].
En los veranos el grupo pasaba mucho tiempo junto. En varias ocasiones realizamos viajes, principalmente a la isla Caguach[38] donde algunas noches dábamos recitales en el tiempo de la fiesta veraniega de Jesús Nazareno[39]. Otra vez fuimos a pie de Huillinco a Cucao, antes que se abriera esa ruta. En Huillinco y Cucao establecimos nuestro campamento en las escuelas gracias a una autorización que nos dio la Municipalidad de Castro que en ese raro momento estaba congraciada con gracias a que habíamos publicado una pequeña edición mimeografiada de lo que más tarde sería Apuntes para un diccionario de Chiloé. En ese viaje descubrimos a don Arnoldo Altamirano, quien vivía en un hermoso paraje a orillas del Río Milleldeo. Don Arnoldo se había hecho poeta popular mientras trabajaba de esquilador en la Patagonia Argentina. Estas experiencias nos acercaban más y más a nuestra tierra, nuestra gente y nuestra cultura y nos motivaban a buscar y comprender mejor nuestras raíces y a reafirmar los valores de nuestra cultura marginal.
Para resumir la trayectoria de Aumen me limitaré a comentar tres eventos fundamentales en la formación de este grupo de poetas y en el descubrimiento de esa vocación por parte de otros jóvenes del resto del país. Las actividades a las que voy a referirme son: el Primer Encuentro de Escritores en Chiloé (1978); la celebración de los Diez años de Aumen (Castro, 1985) y el Segundo Encuentro de Escritores en Chiloé (1988).

b. Primer Encuentro de Escritores en Chiloé (Castro, 1978)
En 1978, la actividad desarrollada por el Taller Literario Aumen y su presencia en el medio literario sureño superaba toda expectativa. La capacidad de convocatoria que había ido adquiriendo obligaba a organizar una actividad que trascendiera, que consiguiera resonancia nacional. El taller buscaba crear nuevos estímulos entre los jóvenes. En ese momento los jóvenes poetas de la generación post-golpe desconocían por completo el trabajo de sus iguales en otros puntos del país. Era imprescindible crear los contactos, reunir a los poetas que estaban comenzando a hacer una obra a lo largo de todo el territorio nacional. Se vivía el quinto año de la dictadura y no lográbamos superar el apagón cultural. El impuesto a los libros, la censura a las publicaciones y la obligación de enviar los manuscritos al Ministerio del Interior para ser revisados antes de su publicación, entre otras razones, agudizaban la desconexión que existía entre los escritores del país. En esos años nadie sabía con seguridad quién estaba y quién no estaba en Chile.
Nosotros habíamos conseguido algunas direcciones y consideramos la posibilidad de organizar un Encuentro Nacional de Escritores[40]. Uno de los grandes inconvenientes para realizarlo era que no contábamos con ningún tipo de patrocinio. Por fortuna, se presentó la oportunidad y no dudamos que ésa era la ocasión tan esperada. El Liceo Coeducacional de Castro[41] estaba por cumplir 50 años y el Centro de Ex-Alumnos formado para la ocasión aceptó financiar nuestra propuesta como parte de los festejos cincuentenarios. De esa manera conseguimos reunir a una treintena de poetas jóvenes en Castro, desde el 3 al 5 de agosto.
El Cine Rex[42] se repletó para escuchar a los poetas que leyeron en el acto inaugural. Tras la inauguración que fue una verdadera celebración de la poesía, la vida y del derecho a leer, a crear y a discutir, se vivieron tres días plenos de lecturas, comentarios, crítica, discusión y recitales públicos.[43] Varios de los recitales fueron transmitidos por la Radio "Chiloé" y algunos fueron realizados en el auditorium de la misma radio. Los temas predominantes de discusión fueron la función del poeta durante la dictadura, la participación de los creadores en la lucha contra el gobierno militar, la búsqueda de modos de encarar la nueva situación política, crear formas de publicación, la organización de los escritores y la creación de una revista de los poetas de Temuco a Chiloé con el apoyo y la participación de todos. Hasta se propuso un nombre para la revista, pero tras el encuentro aquel entusiasmo no pasó de un simple entusiasmo. No llegamos ni siquiera al primer número[44].
A este primer Encuentro de Escritores en Chiloé llegaron poetas, profesores de literatura, críticos literarios, periodistas y un representante de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH). Llegaron poetas de Santiago, Valdivia, Osorno, Puerto Montt, Ancud y Castro. Algunos invitados[45] se excusaron por razones de trabajo. El poeta Jaime Quezada, que también había sido invitado a Valdivia el año anterior, emergió como una de las figuras importantes de este encuentro y desde entonces se transformó en el nexo entre nuestra generación y las generaciones mayores. Al menos en relación a los poetas del sur. Gracias a ese encuentro, los jóvenes de entonces sentimos que se recuperaba en parte la continuidad histórica de la poesía chilena.
El compromiso y la seriedad con que los jóvenes poetas del grupo organizador encararon ese encuentro quedó establecida desde el mismo discurso de inauguración, en el que Renato Cárdenas había expresado:

"Nos hemos encontrado aquí para definir líneas de trabajo que nos lleven a fortalecernos en una acción común... La literatura, como una hermosa mujer, merece nuestra atención. No podemos coquetear con el arte, pues nada más lejos de él que la frivolidad armada circunstancialmente. De allí que nos preocupe la liviandad con que a veces se quiere enfrentar este quehacer humano, llevándolo a una suerte de entretención otoñal, de ejercicio retórico o amórico para pasar las soledades; función que últimamente se la hemos encomendado a los puzzles y otras jugarretas.
Creemos que la devoción artística debe no sólo materializarse en la creación ciegamente atribuida a una intuición espontánea sino que ésta debe madurar en toda una cultura que nos antecede; la cual ha de ser conocida, buscando siempre un nuevo tipo de enfrentamiento con el quehacer artístico y la realidad." (La Cruz del Sur, "Dijo Renato Cárdenas", 5 de agosto de 1978, p.4)


Esos tres días de reuniones, descubrimientos, festejos y compañerismo que vivieron los poetas en Castro fueron comentados por el propio Quezada (Ercilla 2248, pp.47-49, 1978) en el artículo titulado "Encuentro del Mito a la Poesía", del que cito un extenso párrafo, por su valor documental:

“Durante casi una semana la poesía reemplazó a la lluvia en Chiloé, y una treintena de jóvenes, y no tan jóvenes poetas, desafiaron el invierno y la distancia geográfica en un fervoroso afán de diálogo y comunicación. El mito y la leyenda chilota quedó en el cuento de otro tiempo, porque el conjuro huidobriano--"que el verso sea como una llave que abra mil puertas"-- fue el santo y seña de este PRIMER ENCUENTRO DE ESCRITORES en la ciudad de Castro, a más de mil y tantos kilómetros al sur de Santiago... Recitales y charlas, discusiones y conversaciones ocuparon tres y cuatro días, y además sus noches, en difundir, analizar, cuestionar y testimoniar la poesía chilena de esta hora. Las memorables jornadas recordaron a los mejores encuentros celebrados en Chile en otro no olvidado tiempo.”

El Taller Literario Aumen vistió pantalones largos y Castro se volvió por unos días la capital de la poesía chilena. A partir de ese momento, y por más de una década, Castro se volvió el lugar preferido de encuentro para los poetas sueños.
Para el recuento y el recuerdo quedaron un montón de recortes de prensa sobre la jornada[46], una gran experiencia para los asistentes[47] y, en particular, para los organizadores, además de la enorme satisfacción de haber realizado el Primer Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes después del golpe de estado[48], ese "encuentro (que fue tan) necesario para posibilitar el conocimiento directo de los escritores del sur y para buscar en coordinación (la) solución de diversos problemas, inquietudes y necesidades de todo escritor joven en un momento de búsqueda, de formación y desarrollo de su estilo y personalidad de escritor."[49]

c. Diez años de Aumen
En 1985 la obra de Aumen era vastamente conocida entre los poetas del país. En 1979 el Grupo Cámara-Chile, le otorgó el Premio Encina "por su actividad constante tanto en la creación como en la difusión de los jóvenes autores". Varios poetas del grupo habían sido premiados en concursos nacionales e internacionales, aparecían en revistas extranjeras y en antologías en Chile y en el exterior. Con humildad, sin artificios, sin bombos ni platillos, Aumen se había ganado un espacio en la poesía chilena de esa década y existía el deseo de festejar apropiadamente el décimo aniversario.
A comienzos de 1984 empezó a bosquejarse un programa para el aniversario y entonces surgió la idea de esta antología. A Iván Carrasco Muñoz, profesor de la Universidad Austral de Chile, se le solicitó un ensayo sobre la poesía de Aumen. En ese momento, Carrasco era el único crítico importante interesado verdaderamente en la poesía que se estaba escribiendo en el sur. Él había participado en el encuentro de 1978 y había sido profesor de varios miembros del taller.[50] Por tales razones, conocía muy bien nuestra trayectoria.
A los pocos meses el manuscrito de Aumen: Antología de 10 años estuvo listo para su primera revisión. Poco tiempo después, el profesor Carrasco nos entregó su artículo[51]. Hasta allí todo iba viento en popa. Pero ese pretérito imperfecto no logró superar su imperfección puesto que no pudo publicarse entonces (ni en los doce años que siguieron), así que los festejos tuvieron que buscar otra vía. A fines de diciembre de 1984, cuando se aproximaban las vacaciones de verano en que se afinarían los detalles de la celebración, todos los poetas de Aumen, o relacionados con el taller[52], que ejercían la docencia en la Décima Región fueron despedidos de sus cargos. Exonerado se había vuelto una de las palabras de moda en esos días. De una sola barrida quedaron sin trabajo Rosabetty Muñoz (Quemchi), Sergio Mansilla (Fresia), Nelson Antonio Torres (Curaco de Vélez), Jaime Márquez, y el autor de este artículo (Castro). Unos días antes, Renato Cárdenas, co-fundador de Aumen aunque bastante separado del grupo en ese tiempo, había sido relegado a un pueblecito desértico del Norte Grande[53].
Sin posibilidades de conseguir trabajo en la educación--al menos en Chiloé, donde estábamos desarrollando nuestro trabajo de creación e investigación--, no era factible dedicarse a preparar grandes celebraciones ni antologías. Así que quedamos a medio camino, sin poder seguir con los planes y con la urgencia de conseguir un trabajo para subsistir o 'sobremorir', según el término acuñado por Héctor Véliz Pérez-Millán. Como no era posible esperar hasta abril (fecha del aniversario) el festejo se adelantó para febrero. De ese modo podíamos eliminar la mayoría de los gastos, aprovechando a los escritores, músicos, pintores y artistas en general que llegan a Chiloé en el verano.
En enero, llegaron el ensayista Martín Cerda, entonces Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile, y el novelista José Donoso. Ambos deseaban conseguir una audiencia con el alcalde para informarse sobre la causa de los despidos. Ambos autores permanecieron en Castro aproximadamente dos meses y nunca lograron conseguir la tal entrevista. En dos meses el alcalde Brahm nunca tuvo un minuto de tiempo para concederle a Cerda y a Donoso o, tal vez, esos dos meses no fueron tiempo suficiente para poder preparar medianamente bien sus respuestas. ¡Cosas de la dictadura!
El 30 de enero de 1985, el CODEPU (Comité de Defensa del Pueblo), enfrentándose a las restricciones que imponía el estado de sitio, organizó un acto de solidaridad para los profesores exonerados del Liceo de Castro[54]. Al local de CODEPU llegaron carabineros y funcionarios del SICAR.[55] Acordonaron el sector, impidieron que continuara el acto y llevaron a veintinueve detenidos, entre los cuales se encontraban José Donoso[56], su esposa María Pilar, y los poetas de Aumen Mario Contreras Vega, Mario García y Víctor Hugo Cárdenas. En total, cuatro mujeres y veinticinco hombres.
Esta detención masiva alteró el ritmo de vida de castreños y turistas y, al mismo tiempo, acentuó el interés del público por la celebración de los 10 años de Aumen que, de todas maneras, se desarrollaría desde el 11 al 16 de febrero en el Salón Pastoral "San Francisco", ubicado frente a la Plaza de Armas y a pocos pasos de la Gobernación Provincial. Pese a las restricciones que imponía el estado de sitio y arriesgándose a las posibles represalias por no contar con la debida autorización del Gobernador-Coronel de Carabineros, se llevó adelante el festejo de los diez años. Durante esa semana se ofrecieron conferencias, talleres de poesía, y recitales de poesía y música. Entre las visitas estuvieron José Donoso, Martín Cerda, el cantautor Eduardo Peralta, y los poetas Cristian Cottet[57], Heddy Navarro, Bruno Serrano, Angelina Silva y Varsovia Viveros, más el numeroso grupo de los poetas que se había formado en Aumen entre 1975 y 1985.
La celebración de los diez años nos dejó alegres y con muy buen ánimo para seguir. Todos los días contamos con un enorme y magnífico público que no se dejó amedrentar por las restricciones del estado de sitio ni por la prohibición a participar en reuniones no autorizadas. Los festejos fueron todo un éxito[58] pero la antología siguió siendo un sueño no cumplido.

Segundo Encuentro de Escritores en Chiloé
En 1988 celebramos el 2º Encuentro de Escritores en Chiloé. Era importante revisar críticamente el trabajo que los poetas del primer encuentro habían desarrollado en los diez años transcurridos desde entonces, como también hacer una revisión de todo el quehacer literario que estaba desarrollándose entre Temuco y Chiloé. Incluso con mayor urgencia, se necesitaba discutir la creación de medios de publicación y difusión en el sur. Esto último era imprescindible. No podíamos seguir dependiendo de lo que pasara o hubiera en las otras zonas para nuestras publicaciones. Esas urgencias nos comprometieron una vez más a la difícil tarea de organizar un encuentro nacional sin contar con el dinero para hacerlo.
Una vez más contábamos con los deseos y la ilusión pero no teníamos el dinero para costear el gasto de pasajes, el alojamiento, la comida y el arriendo de locales para reuniones y recitales. Demoramos todo un año en conseguir el dinero, a pesar de que no era muy grande la cantidad que se necesitaba. Para ser justos, hay que señalar que el encuentro no habría sido posible sin la colaboración y los contactos de Roberta Bacic desde Santiago, Sergio Mansilla desde Osorno, Clemente Riedemann en Puerto Montt, Rosabetty Muñoz en Ancud y Mario Contreras, Gloria Farfán, Aydé Pérez y Luis Torres Ojeda en Castro. Además, Roberta Bacic y su grupo hicieron un video del encuentro que se ha mostrado en Chile y en el extranjero. El video se titula "Entre lluvias y arcoiris"[59], y es una excelente muestra panorámica del encuentro, de los participantes y de los planteamientos que allí se expusieron.
Esta vez el número de asistentes superó con largueza al de 1978, como también el número de regiones y ciudades representadas. Sin embargo, el hecho de mayor trascendencia fue el de haber reunido en esa ocasión a poetas de por lo menos tres generaciones.
Los mayores fueron Miguel Arteche, Armando Uribe Arce y Floridor Pérez. De los presentes en 1978 concurrieron nuevamente Víctor Caico, Sonia Caicheo, Mario Contreras Vega, Oscar Galindo, Pedro Guillermo Jara, Ramón Mansilla, Sergio Mansilla, Nelson Navarro Cendoya, Jorge Torres, Gabriel Venegas y el autor de este artículo. A los anteriores se sumaron Carlos Amador Marchant, José María Memet, David Miralles, Rosabetty Muñoz, Clemente Riedemann y Nelson Vásquez, que aunque también comenzaron a escribir poco antes o poco después del golpe de estado no asisteron al encuentro de 1978. Entre los un poco menores o con algunos años menos de oficio estuvieron Víctor Hugo Cárdenas, César Díaz-Cid, Mario García, Mauricio Jara Westermaier, Jaime Márquez, José Teiguel y Nelson Torres. Finalmente, un numeroso grupo de jovencísimos poetas chilotes de entre 19 y 16 años, base de un esperanzador futuro para la poesía que se escribe en el archipiélago: Luis Alderete, Ana María González, Jeannette Hueitra, Marcelo Ruiz, Guido Sánchez, Miriam Torres, Marietta Uribe, Jorge Velásquez y Rodrigo Vivar.
Se reunió casi medio centenar de poetas desde Arica (extremo norte) hasta Quellón (ubicado a 98 kilómetros al sur de Castro). La crítica académica estuvo representada por Soledad Bianchi, Iván Carrasco y Gabriel Venegas.
El ritmo de trabajo fue intenso. Las actividades se iniciaban a las 10:00 de la mañana y se prolongaban hasta las 10:00 de la noche, sin contar las reuniones, tertulias y discusiones fuera de programa. La estructura del encuentro fue distinta a la de diez años antes, puesto que la situación política, aunque todavía bajo el gobierno militar, era bastante distinta y, además, porque en esta ocasión teníamos mucho más experiencia. Además, en 1988 la gente ya no tenía miedo de asistir a un encuentro de escritores, ni tenía temor de que lo que allí se dijera pudiera comprometerlos. Los poetas tampoco temían que alguien comentara más allá de las salas lo que allí se decía. De manera que todas las reuniones fueron abiertas y contaron con una audiencia sumamente interesada en los debates y las lecturas. Se grabaron en audiocassettes más de veinte horas de mesas redondas, talleres literarios y recitales. El enorme interés de la comunidad así como la necesidad de aprovechar el tiempo al máximo nos obligó a realizar hasta tres actividades paralelamente. Además de las actividades realizadas en Castro se dieron recitales en Achao (coordinado por Ramón Mansilla) y en Quellón (coordinado por Mauricio Jara Westermaier).
Casi sin tiempo para el respiro fueron sucediéndose las conferencias, las mesas redondas, los recitales de poesía y narrativa, y las sesiones de taller literario. Iván Carrasco presentó una ponencia sobre "La poesía del sur de Chile", Soledad Bianchi una titulada "Ruptura de la tradición o tradición de la ruptura". Miguel Arteche y Floridor Pérez colmaron de inquietudes e ideas a quienes tuvieron la suerte de asistir a sus talleres. Floridor Pérez hizo una memorable presentación de Armando Uribe Arce, quien no había logrado entrar a Chile desde el golpe de estado. El recital de Uribe Arce contó con todos los elementos para volverse mágico e inolvidable, desde la emotiva presentación de Floridor Pérez hasta la violenta tormenta de lluvia, truenos y relámpagos que causó un prolongado corte de luz y que obligó a terminar la lectura iluminados por unas cuantas velas.
En los recitales públicos participaron todos los poetas. El encuentro se abrió con el grupo de poetas más jóvenes de Chiloé. Mientras que la clausura estuvo a cargo de Miguel Arteche, Floridor Pérez, Clemente Riedemann, Jorge Torres y Carlos A. Trujillo. Hizo de moderador de esta actividad el académico Iván Carrasco Muñoz.
Finalmente, Soledad Bianchi, Iván Carrasco, Clemente Riedemann, José María Memet, y el autor de estas líneas, fueron los encargados de redactar las conclusiones. Un encuentro más para el recuerdo, un nuevo paso en la trayectoria de ese taller que nació en una sala de liceo sin otro objetivo que el de ofrecerle una nueva y viva inquietud a los estudiantes de la isla.

El eco que se extiende
Evidentemente la importancia de Aumen en la vida literaria y artística del sur de Chile desde 1975 hasta 1989 no se basa tan sólo en su labor de agente cultural en Castro y en todo Chiloé sino que principalmente en su carácter fundacional, en su función de semilla fecunda y fecundadora que creó entre los jóvenes de la provincia el interés por la creación literaria, la investigación, y el amor por la cultura tradicional del archipiélago, junto con impulsar a otros a hacer suyos esos intereses. Todo esto a partir de abril de 1975, fecha de fundación de Aumen, cuando no existía ninguna actividad semejante en el sur y probablemente tampoco la había en ningún otro lugar de Chile.
Después de los primeros tres años de la dictadura se multiplicaron en el país talleres y grupos literarios (de continuidad y calidad dispar) incentivados por la necesidad de reunirse con quienes se pudiera compartir lo que se escribía, lo que se pensaba y lo que se leía. Motivados por la necesidad de hallar, por lo menos una vez a la semana, un espacio de libertad, un ambiente sin temor a expresarse libremente. A lo anterior se sumaban la precariedad económica, la censura de las publicaciones[60] y, lo que se había vuelto peor, la autocensura que fue haciendo de cada poeta su propio y más estricto censor. Lo anterior sumado al natural deseo de ser leído, ayudó a popularizar las hojas literarias, que poco a poco fueron mejorando en calidad gráfica y en presentación.
Sin temor a equivocarme, creo que Aumen también fue precursor en esto de las hojas literarias con posterioridad al golpe de estado. En 1975 ya publicamos las Hojas de Poesía de Sergio Mansilla, Miguel Gallardo, Erwin Jorquera, Ernesto Bórquez y Patricio Carvajal y una Hoja de Cuento de Roger Cárcamo Navarrete. Todas impresas en mimeógrafo. Esas hojas fueron todo un éxito. Pasaban de mano en mano, al contrario de las revistas y los libros que pocos se arriesgan a prestar. Esas hojas eran palomas mensajeras cargadas de poesía sobrevolando los prosaicos nubarrones de la dictadura.
Pero quiero volver "al eco que se extiende." Después de la enseñanza media muchos miembros de Aumen estudiaron pedagogía[61]. Unos regresaron a Chiloé, otros se quedaron en el continente, pero en la mayoría se mantuvo intacta la semilla del taller. Al iniciarse en la docencia, estos poetas les llevaron a sus estudiantes la experiencia vivida por ellos mismos en sus años escolares.
Hoy existen talleres en pueblos y ciudades de toda la X Región (provincias de Valdivia, Osorno, Llanquihue, Chiloé y Palena). Varios de ellos son dirigidos por poetas formados en Aumen. La Secretaría Ministerial de Educación desde hace casi dos décadas viene apoyándolos, y año a año realiza un Encuentro Regional de Talleres Literarios en el pueblo o ciudad que se ofrece como sede.
Entre los poetas formados en Aumen han dirigido o dirigen sus propios talleres literarios: Oscar Galindo en el Instituto Alemán de Valdivia; José Teiguel en el Colegio "Purísimo Corazón de María" de Fresia; Jaime Márquez en el Liceo Técnico "El Pilar" de Ancud; Ramón Mansilla en el Liceo "Ramón Freire" de Achao; Mario García y Nelson Torres en el Liceo Politécnico de Castro, y Rosabetty Muñoz, en la Escuela "República de los Estados Unidos", de Quemchi, y en el Seminario Conciliar de Ancud. Todos publican (o han publicado) revistas[62] con cierta periodicidad. Además, Ramón Mansilla y Rosabetty Muñoz han editado antologías de sus talleres, que tienen un considerable valor para el estudio del movimiento de poetas niños que se ha venido desarrollando entre Valdivia y Chiloé en las últimas dos décadas.
Los días 16, 17 y 18 de junio de 1989 se realizó un encuentro de los talleres mencionados en el Liceo Politécnico de Castro. Este encuentro se realizó gracias al interés de este grupo de directores de talleres formados en Aumen y a la colaboración y buena disposición de Sixto Navarro Cendoya, director del colegio,. Allí se reunió por primera vez esta generación de poetas-profesores con su generación de niños-poetas, de los cuales, la mayor tenía 18 y el menor recién había cumplido los 13 años. El invitado de honor fue nuevamente el poeta Jaime Quezada, por el apoyo que siempre le ha dado a los poetas que viven en provincias. Una vez más las actividades contaron con la presencia de un público tan numeroso como exigente.
El panorama que se observaba entonces confirmaba que la semilla permanecía viva y permitía pensar que su fecundidad se mantendría todavía por algunos años. ¿Cuál es el panorama actual de la poesía en la isla y en el sur? La verdad es que yo no tengo la respuesta. No olviden que las líneas anteriores fueron escritas entre 1984 y 1989. Ahora sólo he cambiado, omitido o agregado algunos mínimos detalles.

Havertown (EEUU), septiembre de1 2000

[1] Voz huilliche que significa 'el eco de la montaña', 'punto donde va a rematar algo (la voz)'. Entre
los mapuches se creía que era el eco de un alma en pena.
[2] En ese mes quedaron sin trabajo y sin salario Sergio Mansilla, Jaime Márquez, Rosabetty
Muñoz, Nelson Torres y Carlos A. Trujillo. Junto a este último también fueron echados otros tres profesores del Liceo "Galvarino Riveros" de Castro, miembros de la directiva local de la Asociación Gremial de Educadores de Chile. En esos mismos días, Renato Cárdenas, co-fundador de Aumen, fue relegado a un pueblecito del Norte Grande. Parta ser justos habría que decir que no todos los poetas-profesores del grupo fueron echados, puesto que hubo una excepción: Sonia Caicheo Gallardo.
[3] Los poetas Mario Contreras, Víctor Hugo Cárdenas y Mario García. Para mayor información
véase Brooks, Carlos Alberto Trujillo, un poeta del sur de Sudamérica, pp. 61-62.
[4] La mayor parte de los establecimientos educacionales de la provincia de Chiloé habían sido
municipalizados y a partir de ese momento cada alcalde (nombrado por Pinochet y de su absoluta confianza) se había convertido en jefe de la Corporación de Educación de su comuna.
[5] Organizaciones No Gubernamentales. Funcionaban con fondos obtenidos en el extranjero y
apoyaban proyectos de difusión y desarrollo.
[6] Probablemente tenían por allí un par de fotocopias de la antología, no más que eso, porque nunca
supimos de una edición de verdad.
[7] Mario Contreras, Sergio Mansilla, Jaime Márquez y Rosabetty Muñoz.
[8] La X Región o Región de los Lagos comprende las provincias de Valdivia, Osorno, Llanquihue, Chiloé y Palena con un total de 66.997,7 kilómetros cuadrados y una población de 953.330 habitantes.
[9] Entre esos eños, por lo menos 44 autores del taller fueron publicados en revistas u hojas literarias. Se nombran a continuación en orden alfabético: Mirna Alderete, Florisa Andrade, Alva Azócar, Ernesto Bórquez, Sonia Caicheo, Juan Antonio Cárcamo, Roger Cárcamo, Olga Cárdenas, Renato Cárdenas, Víctor Hugo Cárdenas, Patricio Carvajal Herrera, Sergio Rubén Colivoro, Mario Contreras Vega, Francisco Chávez, Enedina Díaz, Ximena Díaz, Aristóteles España, Oscar Galindo, Miguel Gallardo, Marco Antonio García, Mario García A., Sandra Henríquez, Jeannette Hueitra, Erwin Jorquera Durán, Luis Mancilla Pérez, Haldor Mansilla, Ramón Mansilla, Sergio Mansilla,Jaime Márquez, María Isabel Molina, Agne Muñoz, José Muñoz, Neddiel Muñoz, Rosabetty Muñoz, Claudia Navarro, María Eugenia Paredes, Luis Horacio Rojas, Pachelli Rosas, Eileen Ruiz, José Teiguel, Nelson Torres, Carlos Alberto Trujillo, Hirohito Vásquez y Héctor Véliz Pérez-Millán.
[10] La situación política de ese tiempo no hacía aconsejable hablar con desconocidos. había que ser cauteloso y enterarse primeramente de quién era, qué hacia y qué ideas políticas tenía el probable nuevo interlocutor.
[11] "Ël mejor aporte que podemos estar haciendo es crear conciencia de la necesidad de efedtuar un trabajo serio, responsable y colectivo..., crear fervor creativo en la juventud, crear estímulos en la gente para que adopte bienes espirituales a su experiencia que cada día tiene e a ser más de consumo material." Renato Cárdenas, citado en Soledad Bianchi, Entre la lluvia y el arcoiris (pp. 14-15)
[12] Al llegar al poder el primer presidente democrático luego de 17 años de dictadura pinochetista
(1990) no había aún ningún cine en la provincia de Chiloé.
[13] Constantino Farandato Carmona
[14] Fernando Brahm Menge.
[15] Refiriéndose a la única actividad parecida de la que tenemos noticia, recuerda Mario Contreras que en 1963, había una especie de círculo de lectura, formado principalmente por profesores del Liceo
Coeducacional, pero que era más bien un grupo en que se discutían obras literarias, políticas y filosóficas. En Carlos A. Trujillo, Por la Décima Región: Poesía del Sur de Chile (1973-1993), tesis para optar al grado de Doctor en Filosofía con Mención en Español, University of Pennsylvania (p.163).
[16] Había obtenido el 2º Premio en el Concurso Nacional de Poesía "Luis Tello" y había publicado en revistas de la universidad.
[17] Sergio Rubén Colivoro, Sergio Mansilla, Agne Muñoz e Hirohito Vásquez.
[18] Sergio Mansilla Torres, estudiante de 4º año de enseñanza media en 1975, veinte años después es uno de los poetas más reconocidos del sur de Chile. Es Doctor en Literatura Hispanoamericana por la University of Washington y Profesor de Literatura de la Universidad de los Lagos. Ver Bibliografía.
[19] La persecución organizada por el régimen y la ignorancia de los nuevos poderosos llegaba a tales extremos que en 1978, una hija del alcalde de Castro me acusó a la dirección del Liceo por haberle hecho analizar el poema "La gran cosmópolis" de Rubén Darío. La acusación decía que no se podía aceptar que un profesor estuviera tratando en sus clases a ese autor que había sido uno de los iniciadores del "realismo socialista". El dato se lo había pasado un funcionario de investigaciones que le ayudaba a hacer las tareas.
[20] Nombre propuesto por Elba Andrade, profesora del Liceo Coeducacional; actualmente enseña
en la Academia Militar The Citadel, Charleston, EEUU.
[21] De Sergio Mansilla Torres, Roger Cárcamo Navarrete, Ernesto Bórquez, Erwin Jorquera y Patricio Carvajal, en ese mismo orden. Todos estudiantes del Liceo Coeducacional de Castro ese año.
[22] Los diarios La Cruz del Sur de Ancud y El Correo de Castro publicaron en abril de 1976 un artículo titulado "Taller Literario Aumen: Un año de actividades" que además incluye una fotografía del recital de celebración del primer año. En la fotografía aparecen de izquierda a derecha, Agne Muñoz, Mirna Alderete, José Muñoz, Carlos Alberto Trujillo (presentador), María Eugenia Paredes, Sergio Mansilla, Patricio Carvajal, Neddiel Muñoz, Ernesto Bórquez y Erwin Jorquera, más una parte del público.
[23] En Castro existió una pequeña sede de la Universidad Técnica del Estado en los años de gobierno de la Unidad Popular. En Ancud existe desde hace varias décadas una Escuela Normal que forma Profesores de Enseñanza Básica. Durante algunos años fue sub-sede de la Universidad Austral de Chile, aunque siempre dedicada sólo a la formación de profesores. Hasta hoy no existe una sede universitaria en la provincia de Chiloé, por lo que la mayoría de los estudiantes que quieren continuar en la universidad deben salir de la provincia.
[24] Miguel Gallardo, Oscar Galindo, Nelson Torres y Rosabetty Muñoz fundaron Indice junto a Luis Ernesto Cárcamo y David Miralles (Valdivia) y Jamadier Provoste (Temuco). José Teiguel, aunque
también en Valdivia, sólo participó esporádicamente y Sergio Mansilla mantuvo contacto con Indice aunque ya había egresado de la universidad y estaba trabajando en Fresia.
[25] Entre otras cosas, llevó a Valdivia a Nicanor Parra, Gonzalo Rojas y Jorge Teillier.
[26] Nunca me ha sido fácil aconsejar o dar sugerencias a un cuentista o novelista. Es lamentable,
pero es así. Hasta hoy este sino persigue a Aumen como lo demuestra el caso de José Teiguel, único narrador que se ha mantenido fiel a ese género. A pesar de esa fidelidad, su primera publicación fue el poemario: La heredad del pasto y el agua, Paginadura, 1991.
[27] El mismo Luis Tirachini colaboró gentilmente en la impresión a mimeógrafo de la primera edición de Apuntes para un Diccionario de Chiloé. Véase Bibliografía.
[28] José María Memet.
[29] Véase Bibliografía.
[30] Además es editor de En libre plática. Aproximaciones a la poesía de Jorge Torres, título con el que se dio inicio a una colección de publicaciones con estudios sobre poetas del Sur de Chile. Véase Bibliografía.
[31] Hasta el momento de esta publicación existe dos libros sobre su obra. Véanse Brooks y Mansilla en la Bibliografía.
[32] El artículo "Más de 200 personas aplaudieron recital Aumen", aparecido en El Correo de
Castro, el 23 de marzo de 1977, señala entre otras cosas que la presentación de los poetas fue hecha "por la profesora del Liceo y colaboradora del Taller, Nelly Núñez. [y que] Del control de sonido y grabaciones se encargó Darío Ibáñez."
[33] En los recitales anteriores sólo habían leído estudiantes. En esta ocasión aparecen tres adultos,
Andrade, Cárdenas y Trujillo, hecho que invitaba a participar a otro sector de la comunidad.
[34] No fuimos todo lo ordenados que aconseja la prudencia, de modo que no tenemos una lista de todos los invitados, por lo que intentaré hacer un recuerdo sin muchos olvidos. Entre 1975 y 1989 participaron en actividades organizadas por Aumen: Los poetas: Miguel Arteche, Carmen Berenguer, Juan Cameron, Cristian Cottet, Jermaín Flores, Margarita Kurt, Hernán Miranda Casanova, José María Memet, Enrique Moro, Heddy Navarro, Nelson Navarro Cendoya, Nicanor Parra, Floridor Pérez, Jaime Quezada, Clemente Riedemann, Gonzalo Rojas, Bruno Serrano, Angelina Silva, Armando Uribe Arce. Los novelistas José Donoso, Ramón Díaz Eterovic y Luis Sepúlveda (antes de publicar sus novelas). El ensayista y, entonces, Presidente de la SECH, Martín Cerda. La autora teatral Isidora Aguirre. Los académicos Iván Carrasco (Universidad Austral de Chile); Gabriel Venegas (Universidad de Chile-Sede Osorno); Soledad Bianchi (Universidad de Chile, Santiago); Estrella Ogden (Villanova University, EEUU); Juan Armando Epple (University of Oregon, EEUU). El investigador Antonio Cárdenas Tabies. El pintor Pedro Olmos. Los cantautores Nelson Schwencke, Marcelo Nilo y Eduardo Peralta. No se incluye en esta lista a los poetas locales ni a los de Temuco al sur que participaron activamente en nuestras actividades, pero se les menciona en la sección correspondiente a los Encuentros Nacionales de Poetas en Chiloé.
[35] Guardamos un montón de carteles de los que se pegaban en las ventanas y lugares públicos para
anunciar las actividades. Algunos bastante polémicos como el de un recital que titulaos A FAVOR O EN CONTRA, que pocos se atrevieron a poner en sus ventanas. Otros nos zambullen en un mar de recuerdos alegres, como el TRIPULAO que tuvo como maestro de ceremonias a Renato "Machi" Alvarado, o NO ESCRIBIRÉ SOBRE CIRCOS, obra teatral de Gustavo Boldrini que tuvo en su elenco a los poetas Héctor Véliz Pérez-Millán y Nelson Torres y que, además, consiguió la banda municipal. Esta presentación concitó un enorme interés en los castreños, pero lo memorable de su magnífica puesta en escena fue que la obra era tan breve que cuando ya había finalizado, el público que todavía estaba ingresando a la sala no podía entender qué era lo que estaba pasando.
[36] Entre las visitas que concitaron mayor interés estuvieron Nicanor Parra (1983) y Gonzalo Rojas (1985 y 1988). Parra que llegó a Puerto Montt invitado al "Arcoiris de Poesía," siguió con nosotros a Chiloé. Junto a Hernán Miranda Casanova y los poetas de Aumen dio tres recitales en Castro y uno en Ancud transmitidos por Radios "Chiloé", "Martín Ruiz de Gamboa" y "Estrella del Mar." En la primera visita de Rojas se utilizó por primera vez el Salón Pastoral "San Francisco." Allí se realizó una reunión con poetas del taller y algunos invitados y, más tarde, un recital del poeta que fue transmitido por Radios "Chiloé" y "Martín Ruiz de Gamboa."
[37] Bajo el sello de Aumen se publicaron 11 números de la Revista de Poesía Aumen entre 1975 y 1985. En el mismo período se editaron varias decenas de hojas literarias de diversos formatos. Cuatro poetas en Chiloé (muestra de poesía de Renato Cárdenas, Sergio Mansilla, Pedro Ortiz Navarrete y Carlos A. Trujillo- enero de 1977), Un ángel, un pierrot y una larga espera (cuentos) de Florisa Andrade, 1978; Las musas desvaídas de Carlos A. Trujillo,1977; Apuntes para un diccionario de Chiloé, de Renato Cárdenas y Carlos A. Trujillo (varias ediciones desde 1978); Anda al pueblo hermano de Sergio Mansilla
(poema- poster, 1978); El juego de la oca (cuadernillo de poesía), de Víctor Hugo Cárdenas y Héctor Véliz Pérez-Millán, 1979; Escrito sobre un balancín de Carlos A. Trujillo, 1979; Los territorios de Carlos A. Trujillo, 1982; Hoja Aumen (poemas de Juan Cameron, Oscar Galindo, Sergio Mansilla, Nelson Torres y Carlos A. Trujillo, 1983); Los que no vemos debajo del agua (plaquette) de Carlos A. Trujillo, 1986; y Liricanalladas de Nelson A. Torres, 1986.
[38] "Caguach es una de las 23 islas que crean el departamento de Quinchao." Cárdenas y Trujillo, Caguach, Isla de la Devoción, p.7.
[39] La celebración original es en invierno y se extiende del 21 al 31 de agosto. El 30 llega la mayoría de los devotos y al mediodía se celebra una misa en la que participan varios sacerdotes y, a veces, obispos. Su origen se remonta al 10 de mayo de 1778 cuando Fray Hilario Martínez comprometió a los pueblos de Caguach, Apiao, Alao, Chaulinec y Tac, a dar culto a la imagen del Divino Jesús Nazareno.
[40] En agosto de 1977 en la Universidad Austral de Chile, Valdivia, se había efectuado un Encuentro de Poesía Joven del Sur de Chile en el que participaron diez poetas. El sistema de selección fue sobre la base de un número de poemas enviados por los poetas. El jurado constituido por Iván Carrasco, Osvaldo Rodríguez, Gladys Saldivia y Marcos Urra seleccionó a los poetas Milagros Mimica Soto, Nicolás Miquea, Gustavo Adolfo Becerra, José María Memet, Farid Hidd, Clemente Riedemann, Nelson Vásquez, Germaín Flores, Sergio Mansilla y Mario Contreras.
[41] Actualmente Liceo "Galvarino Riveros Cárdenas".
[42] Que más tarde fue remozado y transformado en el actual Centro Cultural Comunitario.
[43] Los recitales se realizaron en el Cine Rex, la Radio Chiloé, la Casa de Retiro Estrella del Mar y el Liceo Coeducacional..
[44] El nombre propuesto fue Barba de Palo, que hoy se mantiene vivo como nombre de la editorial del poeta Jorge Torres.
[45] Entre ellos Hugo Montes y Roque Esteban Scarpa.
[46] El diario La Cruz del Sur de Ancud incluyó entrevistas e informaciones del encuentro durante toda esa semana. También aparecieron artículos en El Llanquihue de Puerto Montt, Las Últimas Noticias, El Mercurio y La Tercera, de Santiago, y en las revistas Ercilla y Hoy. Tengo a la mano un ejemplar de La Cruz del Sur del sábado 5 de agosto de 1978 que trae en primera página una foto en la que aparecen veintidós de los participantes. La página cuatro la comparten dos artículos relacionados con la inauguración del Encuentro de Escritores: Uno que incluye el discurso de Felisa Cárdenas, en representación del Directorio del Centro de Ex-Alumnos del Liceo de Castro y otro con el discurso de Renato Cárdenas Alvarez en representación del Taller Literario Aumen.
[47] "A mí lo que más me gustó de ese encuentro es que fue completo un taller de escritura y creo que eso fue vital para los participantes porque marcaba la fuerte exigencia, el rigor del trabajo, el sentido, no digamos profesional, pero sí el sentido de responsabilidad que significa dedicarse a la escritura y me parece que eso marcó la vocación de muchos.
"Por otro lado, también marcó inmediatamente la necesidad de un nivel de calidad de escritura. Ya no podía escribir cualquier persona, tenía que escribirse dentro de un nivel determinado. Lo otro importante es que se creó la necesidad de la crítica...
"... para mí, creo que fue importante también porque durante todo ese momento y creo que más o menos en el Encuentro de Castro me definí en el sentido que dejando de lado mi producción literaria propiamente tal me interesaba en apoyar ese proceso que estaban haciendo y eso significaba un trabajo mucho más largo, de mucho menor rentabilidad personal, pero asumido vocacionalmente con mucho gusto y muy motivado por todos esos escritores que necesitaban y pedían crítica, que la aceptaban y que iban incorporando todo lo que ellos podían conseguir a través de los profesores, de escritores mayores, de libros, en todo su trabajo de creación literaria. Creo que esa actitud de aprender, ese deseo de formarse como escritor, es lo que yo no había visto antes en el sur de Chile y no sé si ocurriría en algún momento en el país." Entrevista a Iván Carrasco. Carlos A. Trujillo, Por la Décima Región: Poesía del sur de Chile (1973-1993). Tesis doctoral, University of Pennsylvania, (1993): 268-70.
[48] En 1977 la Universidad Austral de Valdivia organizó un Encuentro de Poetas del Sur
al que por el proceso de selección sólo pudieron asistir diez poetas de entre Concepción y Chiloé.
[49] Iván Carrasco, "Revista literaria editarán los escritores de la zona sur", La Tercera, 14 de agosto de1978, p. 11.
[50] En 1973-74 en la Universidad de Chile, sede Temuco, dirigió la tesis de Trujillo para optar al título de Profesor de Estado en Castellano. Más tarde, en la Universidad Austral de Chile, Valdivia, fue profesor de Sergio Mansilla, Ramón Mansilla, Rosabetty Muñoz, José Teiguel, Nelson Torres y Oscar Galindo.
[51] El mismo que va en las páginas finales, sin alteraciones.
[52] Con la sola excepción de Sonia Caicheo Gallardo.
[53] La mano dura de las autoridades locales no fue nada nuevo para los poetas, aunque si fue inesperado el despido masivo. Entre otros antecedentes, en junio de 1993 el director del Liceo me pidió que invitara a algunos poetas para darle un carácter más cultural al aniversario del colegio. Invitamos a Miguel Arteche y Jorge Teillier y ambos aceptaron viajar a Castro. Sorpresivamente el mismo día que ellos debían salir de Santiago el alcalde (y, a la vez, jefe comunal de educación) prohibió terminantemente que el Liceo invitara a algún poeta. A los pocos días, el rector me informó que el taller literario no estaba autorizado para seguirse reuniendo en las aulas liceanas. La poesía había sido exonerada de la enseñanza por la máxima autoridad local.
[54] Orlando Aguilar, Albán Mansilla, Luis A. Maldonado y Carlos A. Trujillo.
[55] Servicio de Inteligencia de Carabineros.
[56] Se encontraba en Castro escribiendo la novela La desesperanza, que en ese momento
pensaba titular El retorno del nativo.
[57] El año anterior había estado cumpliendo pena de relegación en Queilen.
[58] Desde el verano siguiente, las organizaciones sociales y culturales de Castro realizaron en la misma fecha y en el mismo local la Semana Cultural Alternativa, al mismo tiempo que el oficialismo celebraba la Semana Castreña.
[59] Frase usada en el discurso de inauguración y que es el título de una antología de jóvenes
poetas chilenos hecha por Soledad Bianchi .
[60] Los escritores debían enviar sus manuscritos al Ministerio del Interior para su aprobación o
rechazo y desde ese momento comenzaba una espera interminable porque nunca se recibía respuesta.
[61] Renato Cárdenas, Sonia Caicheo y Carlos A. Trujillo, eran profesores antes de iniciarse el taller. De los poetas incluidos en las primeras dos secciones de este volumen también estudiaron pedagogía Oscar Galindo, Mario García Alvarez, Luis Mancilla, Sergio Mansilla, Jaime Márquez, Rosabetty Muñoz, José Teiguel, Nelson Torres, Sandra Henríquez y Claudia Navarro. Todo un grupo de poetas-maestros.
[62] Signos poéticos, del Taller Literario del Liceo "Ramón Freire" de Achao; Primeros escritos del
Liceo Politécnico de Castro; En el aire del Seminario Conciliar de Ancud; Cauquil poesía del Colegio "El Pilar" de Ancud y Escritos del Instituto Alemán Carlos Andwanter de Valdivia.



*** Este texto fue publicado como prólogo a Aumen, Antología Poética (1975-1988), Valdivia: Ediciones Aumen, 2001.